viernes, 22 de septiembre de 2023

,

«Yo» jamás te perdonaré


Inglés

Español
Krry

Corrección y edición
Carlos
Pretinaverse

※ ※ ※ ※ ※

Un lugar muy, muy, muy, muy, muy, muy oscuro.
En lo más profundo de su mente, en lo más, más, más, más, más, más, más profundo.
 
—Yo mismo… yo… «yo»… quién… tú… tú… Natsuki Subaru… Meili Portroute.
Natsuki Kenichi… Elsa Granhiert… Natsuki Naoko… Petra Leyte… Emilia… Shaula… Beatrice… Frederica Baumann… Anastasia Hoshin… Garfiel Tinzel… Julius Euclius… Otto Suwen… Ram… la peliazul… quién… yo soy… tú eres… «yo» soy… uno mismo es… los otros son… a mí… a ti… eres… a «»…
 
—Yo mismo… yo… Natsuki Subaru. Yo mismo… yo… Natsuki Subaru.
 
—Quién… «yo»… Meili Portroute. Quién… «yo»… Meili Portroute.
 
Subaru: …
 
Todos estos pensamientos daban vueltas y vueltas en su mente, deshaciendo las líneas que marcaban qué era real y qué no. Se habían fusionado en uno solo, se estaban mezclando en uno solo, se estaban enlazando en uno solo, sentían afecto como uno solo, odiando como uno solo, sufriendo como uno solo, amando como uno solo, deseando como uno solo, asesinando como uno solo, deseando como uno solo, destruyendo como uno solo, amenazando como uno solo, comprendiendo como uno solo, llorando como uno solo, riendo como uno solo, no comprendiendo como uno solo.
 
—Tan sólo puedes ser tú mismo; otros pueden ser ellos mismos.
 
No había posibilidad de llegar a un acuerdo, no había acuerdo por pena, no había posibilidad de engendrar un acuerdo, no había consideración el uno por el otro; al final no había nada, absolutamente nada.
 
Emilia: Subaru…

Subaru: …
 
Sacudiendo la cabeza de un lado a otro, se esforzó al máximo en tratar de extraer la espina de la llamada «otra persona» de sus adentros.
Emilia y Beatrice le levantaron con cuidado por los hombros, y le sirvieron de apoyo a ambos lados al chico que se encontraba en aprietos. Sintiendo rastros de preocupación en las mejillas de ellas dos, el chico——el individuo que debería llamarse Natsuki Subaru trataba de determinar la frontera entre su propio ser y otros. Se encontraba en apuros en un intento de volver a ser él mismo.
 
Un torbellino de pensamientos lo nublaba; la respuesta correcta desaparecía debido al remolino de emociones que se fundían y se unían dentro de él.
Sus pulmones convulsionaban; si en aquel momento pudiera haber sentido su garganta, se habría percatado de que su respiración se había vuelto dolorosa. Estaba experimentando una grave sensación de presión dentro de su cuello, seguido del miedo a asfixiarse que le agredía progresivamente.
Revivir la sensación de que la muerte era inminente le provocó náuseas y ganas de vomitar, que a su vez causó que lágrimas cálidas comenzaran a fluir desde sus ojos.
 
Subaru: …
 
Enfrentado por esta horrible sensación, Subaru lenta y cuidadosamente trató de excluir aquello que no lo definía de dentro de él, luchando por establecer su propia identidad personal.
Pronombres de primera persona, pronombres de segunda persona, memoria, recuerdos, impresiones, sentimientos, identificando aquello que le pertenecía a la otra persona, y distinguiéndose entre sí.
 
De esa manera, si filtraba lo que no era suyo y eliminaba todo aquello que se hubiera mezclado, volvería a ser como antes.
De lo contrario, este estado en el que estaban fusionados y mezclados, jamás se despegaría de él.
Él y la niña que había asesinado con sus propias «manos» estaban mezclados en un revoltijo de…
 
???: ——Natsuki-kun, ¿qué diablos viste? ¿Serías capaz de decírnoslo?
 
Subaru: ¿Uh… eh?
 
Mientras Subaru estaba inmerso en su crisis de identidad actual, una voz le llamó en frente de él.
Miró en su dirección. Justo enfrente de él, a la misma altura en la que se encontraba de cuclillas, una persona de ojos color turquesa le miraba con los ojos entrecerrados, Anastasia… no, ¿ella era Echidna ahora? En cualquier caso, se trataba de aquella chica.
A pesar de haberla reconocido, los ojos de Echidna se mantuvieron serios, y continuó hablando.
 
Echidna: Comprendo que te encuentras en una mala situación. Pero, la situación actual en la que todos nos encontramos es bastante grave. Si eres capaz de darla, necesitamos información lo antes posible. Así, no cometeremos errores mientras nos encargamos de esto.
 
Emilia: Espera, Echidna. Subaru acaba de experimentar algo horrible…
 
Echidna: Por supuesto, eso lo sé. También aprecio que su imprudencia sea algo que ha hecho por nosotros, ¿sabes? Por eso es que tenemos el deber de responder rápidamente a su decisión.
 
Subaru sólo pudo exhalar roncamente, mientras las aserciones de Echidna penetraban el intento de Emilia de defenderle.
Mientras hablaba, la vista de Echidna se dirigió durante un momento hacia el libro que había caído al suelo detrás de Subaru. Echándole una mirada a la encuadernación gruesa y negra del libro, Echidna dijo Y eso es porque… antes de continuar.
 
Echidna: La niña que nos acompañaba ha desaparecido. Es más, se ha encontrado un libro que parece coincidir con el nombre de la niña en esta biblioteca que registra los recuerdos de los difuntos. ——La situación es grave. No podemos permitirnos ir con pies de plomo.
 
Emilia: Bueno… Sí, pero…
 
Emilia era incapaz de encontrar con qué refutar el tono de voz grave e insistente de Echidna.
De hecho, el argumento de Echidna estaba justificado.
En esta situación desastrosa, el único que poseía información de vital importancia era Subaru. Teniendo en consideración los sentimientos de todos los presentes, se podría decir que nadie del lugar tenía tiempo que perder en calmarse.
Sabiendo esto, Echidna estaba preparada para ser culpada; así que, habiendo fortalecido su corazón, le lanzó sus preguntas a Subaru.
 
Al escuchar su convicción, Subaru apretó los dientes de nuevo y posó una mano sobre la garganta.
Luchando con todas sus fuerzas contra la sensación de que no podía respirar, cerró los ojos.
Y entonces…
 
Echidna: Déjame que te lo pregunte de nuevo, Natsuki-kun. ¿Qué es lo que viste en el li…?
 
Subaru: ——Vi… los recuerdos… de Meili.
 
Echidna: …
 
Subaru respondió con completa honestidad a las preguntas de Echidna sin tratar de engañarla.
Al lado de ella, Emilia contuvo la respiración; y, frente a Subaru, Echidna cerró los ojos. Junto a ellos, Beatrice, Julius y Ram mostraban expresiones de preocupación y de dolor en sus rostros.
 
El Libro de los difuntos le había mostrado a Subaru los recuerdos de Meili.
No había ni una sola persona presente que no pudiera comprender lo que aquello significaba.
 
¿Podría haber habido algún error, y que los recuerdos en el libro de Meili hubieran acabado allí por alguna clase de error? Sería muy fácil encontrar un poco de consuelo aferrándose a tan inútil esperanza.
Sin embargo, en este lugar, no era el único en no querer rendirse ante tal engaño y escapar hacia la opción más cómoda.
Especialmente las chicas que se encontraban junto a Subaru cuyas mejillas se habían tensado de angustia al tratar de afrontarlo.
 
Beatrice: Cálmate, Subaru, de hecho. Cálmate, y céntrate en recuperarte, supongo.
 
Subaru: … Lo… siento.
 
Beatrice: No hay problema, de hecho. Ahora mismo, puedes depender de Betty, supongo. ——Esto no es solo culpa tuya, Subaru, de hecho. No te martirices por ello, supongo.
 
Subaru: …
 
Beatrice se puso en pie y abrazó la cabeza de Subaru mientras respiraba agitadamente.
Era irónico que, preocupándose del bienestar de Subaru, la niña que acariciaba con cariño su pelo negro con sus manos mantuviera al borde de las lágrimas el corazón de Subaru esparcido en miles de pedacitos.


Beatrice había dicho compasivamente que no había sido culpa de Subaru.
Sin embargo, esto no era culpa más que de «Natsuki Subaru», quien había cometido tal crimen. Ignorante de este hecho, Beatrice le hablaba con cariño y lo trataba con amabilidad, era tan absurdo que resultaba casi cómico, al mismo tiempo que desgarrador.
 
Julius: ——Señorita Ram, ¿qué opina?
 
Mientras Beatrice y Subaru mantenían esta interacción, Julius, con una mirada seria sobre su rostro, se encaró hacia Ram y trató de recibir su contribución en el tema.
Comparado a los demás, ellos dos no parecían tan afectados. Siguiendo los recuerdos de Meili, Subaru sabía que estos dos habían estado más alertas respecto a ella.
Al menos, Meili había sentido que tanto Ram como Julius la habían vigilado en todo momento, ya que ella había sido una asesina anteriormente.
Por el contrario, ciertamente Meili había notado que Emilia y Echidna tenían la guardia baja hacia ella.
 
Julius: Si creemos en lo que Subaru acaba de decir, la señorita Meili ya ha…
 
Ram: Es imposible que Barusu tenga la habilidad o el corazón tan de piedra como para mentir en esta situación. ——Estoy segura de que este libro es de Meili. El caso es que no creo que nadie más quiera comprobarlo.
 
Sosteniendo sus delgados brazos, Ram miró hacia el libro que todavía yacía sobre el suelo.
Al oír eso, Julius frunció el ceño mientras pensaba y…
 
Julius: ——Yo podría…
 
Ram: ¿Acaso tendrías un margen de actuación, ya que sería la segunda vez que lees uno de estos libros? En otras palabras, ¿y si hacerlo por segunda vez significa que acabarás en el mismo estado que Barusu? Por supuesto, también podríamos asumir que únicamente ha resonado hasta este punto con Barusu debido a su falta de experiencia y madurez…
 
Julius: …
 
Ram: Pero, desafortunadamente, Ram ha llegado a la conclusión de que tu estado mental, Julius, no es más estable que el de Barusu.
 
Poniéndose en pie con rigidez, Julius contuvo la respiración al escuchar las palabras de Ram, quien había entrecerrado sus ojos color cereza.
Sin embargo, rápidamente dijo Cierto sacudiendo la cabeza.
 
Julius: … Aunque me resulte amargo, no tengo una base sobre la que refutar las palabras de la señorita Ram. Dado que ayer actué de forma muy egoísta y arbitraria sin consultar a nadie, definitivamente no estoy cualificado en absoluto para hacer esto.
 
Echidna: Lo siento, pero yo también estoy de acuerdo.
 
Echidna levantó la mano e irrumpió en la conversación tras oír las palabras de autocrítica de Julius.
Y mientras jugueteaba con la piel de zorro blanco que envolvía la base de su cuello…
 
Echidna: Sin embargo, mi argumento no se basa en el estado mental en el que se encuentra Julius. Tan solo me opongo a esto porque, al ver el estado en el que se encuentra Natsuki-kun, probar esto parece demasiado peligroso.
 
Ram: Podemos dar por hecho que es peligroso. Obviamente, Barusu está muy raro.
 
Julius: Efectivamente. En comparación con la última vez, parece ser que la influencia de leer el libro es mucho más fuerte. La única pregunta es si recae en leer el libro más de una vez o si se trata del libro que se haya leído en específico.
 
Ram: ¿Quizá se trate tanto del número de veces que se lea, y de a quién le pertenezca el libro?
 
Mientras Ram y Julius se comían el coco, Echidna dijo Ahh asintiendo.
 
Echidna: Dicho de forma sencilla, ¿puede que haya un mecanismo en el que la carga se incremente cuantos más libros se hayan leído? O quizá, ¿podría ser que deforme la mente debido a que se presencian los recuerdos de una persona a la que se era cercana? Creo que ambas conjeturas son igual de posibles.
 
Ram: Una persona a la que se era cercana, ¿eh?
 
Ante la conjetura de Echidna con su dedo levantado, Ram se encaró hacia Subaru. Viendo cómo ella le miraba, Subaru trató desesperadamente de no gritar debido a dónde estaba su cara: presionada contra el centro del delicado pecho de Beatrice.
 
Seguramente las suposiciones de Echidna fueran correctas.
La razón por la que el corazón de Subaru había sufrido tanto daño era su última suposición: la causa de esta carga probablemente se debía a que había visto los recuerdos de alguien a quien conocía bien.
 
Con gente involucrada en relaciones más cercanas——aquellos registros de vida probablemente supondrían un impacto mayor.
Los registros de vida de gente con quienes se había tenido relaciones más cercanas supondrían un impacto mayor.
 
Normalmente, la gente estaría más interesada en compañeros con un vínculo cercano que en gente con quienes tuvieran una relación más distante.
Subaru también deseaba que esto fuera un hecho. De hecho, las mentes de Subaru y Meili se habían fusionado casi por completo, y captaba el hecho de que quería conocerla.
 
Como consecuencia, Subaru se había dado de bruces contra el vacío inconmensurable en «mis» profundidades.
Aquella joven había estado cargando con esta sensación de vacío durante toda su vida…
 
Emilia: ——En cualquier caso, no podemos quedarnos sentados sin hacer nada. Vayamos a buscar a Meili.
 
Un fuerte sonido hizo eco en la biblioteca.
Había sido Emilia, quien había chocado las palmas de las manos delante de su pecho y había alzado la frente con firmeza. Emilia atrajo la atención de todos los presentes en la biblioteca, y Subaru agrandó los ojos ante sus palabras.
 
Subaru: ¿Buscar…?
 
—Buscar… ¿Buscar qué? ¿Y qué sentido tiene?
 
—Meili… ella… «yo», a pesar de que ya estoy muerta…
 
—A pesar de que jamás se habían preocupado siquiera de ella antes de morir…
 
Emilia: Aunque la encontremos, probablemente sea demasiado tarde. Ojalá hubiéramos estado con ella; aunque probablemente no podríamos haberlo hecho. Pero, como mínimo, debemos encontrar su cuerpo.
 
Subaru: …
 
Emilia: Entonces, ¿nadie sabe nada de dónde podría haber deambulado ella? Primero que nada, debemos encontrarla… y tras eso, ya veremos qué podemos hacer. Vamos a buscarla.
 
Las palabras de Emilia no eran sólidas, estaban lejos de ser confiables y sabias.
¿Qué sentido tenía todo esto? La insistencia de «yo» dentro de Subaru se mantenía inamovible. Es más, si fueran realistas, habrían discutido que había maneras más útiles de utilizar el tiempo.
 
Sin embargo, nadie se opuso a la sugerencia de Emilia.
No había ni una sola persona que fuera a rechazarla directamente y decirle que se equivocaba.
 
Así pues, tras la propuesta de Emilia hubo una discusión sobre cuál era la mejor manera de buscar a Meili. Ella anunció que se dividirían en dos grupos para buscarla.
 
Emilia: No tenemos más opción que cambiar nuestros planes para hoy. Tenemos que dividirnos y buscar a Meili.
 
Ram: Antes de eso… Ram irá a comprobar si Rem se encuentra a salvo. Antes de salir a buscar a Emilia-sama, Barusu y los demás, yo estaba con ella en la sala del espíritu. Iré allí de nuevo, ahora.
 
Julius: No hay problema, señorita Ram. ——Subaru, puede parecer cruel pedirte esto, pero quiero asegurarme de una cosa. ¿Es posible que vieras los últimos momentos de la señorita Meili en su Libro de los difuntos?
 
Subaru dudó en responder a la pregunta cuidadosamente formulada por Julius.
La respuesta a aquella pregunta, de si había visto los últimos momentos de Meili, era que sí. Subaru había experimentado el mismísimo momento en que la vida de Meili se apagó.
Su cuello había sido estrangulado, su consciencia se había escapado mientras era estrangulada, sus pensamientos habían estado llenos de odio y desesperación, y se detuvieron abruptamente——ese debió ser el momento en el que su vida se extinguió.
 
Fue Natsuki Subaru quien había experimentado esto, y quien había sido cómplice en esconder el cadáver de la niña.
 
—Natsuki Subaru está ayudando al hombre que me asesinó a «». El mismo Natsuki Subaru que me conocía a «» está ayudando a no otro que «Natsuki Subaru», el ser más despreciable sobre este mundo.
 
Echidna: ——Natsuki-kun, quiero que me respondas. ¿Viste sus últimos instantes de vida? ¿Dónde está ahora? ¿Viste cuál fue la causa de su muerte?
 
Subaru: …
 
Echidna había seguido presionando a Subaru con preguntas ante las que él se mantuvo en silencio. Parecía que las emociones reflejadas en sus palabras y en su precioso rostro indicaban que sospechaba algo.
Sus palabras le hicieron sentirse al borde. Sus latidos se aceleraron, comenzó a bajarle sudor por la espalda. Temía que Beatrice, quien estaba junto a él, pudiera percatarse de esto.
 
——De hecho, Subaru se preguntaba si todos sabían que él estaba involucrado de cierta manera en la muerte de Meili.
 
Subaru se preguntaba si ya lo sabían y estaban fingiendo ser ignorantes para sacarle una confesión empleando trucos taimados para acorralarlo. Todas estas locas ideas se le cruzaron por la cabeza.
Pero, cada vez que estas ideas se le venían a la mente, la mirada en sus ojos negaba que estos pensamientos pudieran ser plausibles.
 
Los ojos de Emilia, Beatrice, Echidna y Julius se habían posado sobre él.
Sus pensamientos estaban borrosos, Subaru únicamente luchaba por protegerse a sí mismo y a sus manos manchadas de sangre. Poseía un corazón tan feo y podrido, eso era lo que parecía.
 
—Entonces, mejor escucha «mis» deseos…
 
Subaru: ——No vi hasta el punto en que murió. Pero de lo que no hay duda es de que está dentro de la torre.
 
Subaru rechazó firmemente las tentaciones que «yo» ofrecí.
Pensamientos peligrosos germinaban desde lo más profundo de sí mismo——ella trataba que Subaru confesara su crimen. Esa era la dulce maldición dejada por Meili Portroute.
 
Estos pensamientos ciertamente habían sido recién concebidos en Subaru.
Querían que Emilia y los demás encontraran el cuerpo sin vida de Meili. Que la encontraran, que lloraran por ella, que se arrepintieran de lo que había ocurrido, hacer que él sintiera pena, los pensamientos dentro de él querían mitigar las emociones enroscadas sobre su corazón.
 
Estaba llegando al punto en el que él tampoco sabía quién de entre Natsuki Subaru, «yo» y «Natsuki Subaru» deseaba cada cosa.
 
Echidna: … ¿Te quedan fuerzas para volver a leer el libro?
 
Beatrice: ¡Echidna!
 
Mientras él trataba de decidir qué es lo que quería, Echidna le lanzó una sugerencia que sólo podía considerarse despiadada. Durante un segundo, Subaru trató de responder «Si dices que tengo que hacerlo…», pero antes de que pudiera hacerlo, Beatrice le gritó a Echidna.
Mientras seguía abrazando la cabeza de Subaru, los redondos ojos de Beatrice se agudizaron.
 
Beatrice: ¡Será posible que Betty tenga que gritar ese nombre, de hecho…! Sea como fuere, no dejaré que eso ocurra, supongo. Me opongo a ir más allá de aquí, tanto emocionalmente como por otros motivos, de hecho.
 
Echidna: Dados los riesgos de acabar unido como uno, jamás lo habría recomendado de forma seria. Quería asegurarme de que estaba preparado sólo por si acaso, eso es todo. Sabes que no era mi intención permitir que lo hiciera incluso aunque él insistiera.
 
Beatrice: … Esperemos que eso fuera lo que realmente estabas pensando, supongo.
 
Le dijo Beatrice enojada por encima del hombro de Subaru a Echidna quien se apresuró a retractarse.
Inmediatamente tras esta interacción, Emilia y Julius procedieron a romper el silencio incómodo que las dos habían dejado atrás.
 
Emilia: Ya basta. Tampoco estoy de acuerdo con dejar que Subaru cometa más imprudencias. Tampoco quiero que estemos discutiendo esto aquí por siempre… Debemos comenzar a movernos rápido.
 
Julius: Estoy completamente de acuerdo con Emilia-sama. Dadas las circunstancias, podemos asumir que es bastante probable que la señorita Meili sufriera un accidente. Quizá le ocurrió algo, como que se haya resbalado por las escaleras o del balcón, o podría haber salido de la atalaya…
 
Shaula: ——Eso no es lo que pasó.
 
De la nada, Shaula quién todavía no había participado en la conversación, intervino para negar las preocupaciones que Julius había mostrado.
Había agarrado el Libro de los difuntos de Meili, que había caído a los pies de la mujer. Sujetándolo del lomo, lo sacudió de izquierda a derecha.
 
Shaula: O sea, si la pequeñaja número dos hubiera salido de la atalaya, definitivamente me habría convertido en una KILLING MACHINE. Que eso no haya ocurrido, significa que nadie ha salido afuerita.
 
Emilia: Por alguna razón, sí que eres rápida en agarrar el libro que hemos dudado en tocar.
 
Shaula: Dejarlo en el suelo me superinquieta. En plan, ¿qué pasaría si alguien cree que es una superfalta de respeto hacia la biblioteca? De verdad que no me quiero convertir en una KILL THEM ALL PRESENCE, ¿sabe~n?
 
Dicho esto, Shaula lanzaba el Libro de los difuntos entre sus manos como si estuviera haciendo malabares con él.
Su actitud parecía deberse al miedo a faltarle el respeto a la biblioteca; pero, a efectos prácticos, su falta de escrúpulos era peor.
Julius frunció el ceño ante su actitud.
 
Julius: Señorita Shaula, apreciaría que dejaras de jugar con el libro. Estás…
 
Shaula: ¿Acaso creen que mi corazón no puede superapenarse o algo así? No recuerdo haber dicho algo así. Sí, la pequeñaja número dos estaba pegada a mí a menudo. Y tampoco es que me disgustara la número dos, pero… en última instancia, a excepción del Gran Maestro, el resto de ustedes no me importan.
 
Viéndose bastante indiferente, Shaula sonrió e ignoró las palabras de Julius.
Julius era incapaz de percibir un atisbo de malicia en lo que ella había dicho. Era sin duda, lo que Shaula realmente sentía; o, al menos, así era como Subaru lo percibía.
 
En resumidas cuentas, ella era una de esas personas en las que Subaru encontraba ciertas emociones en su corazón difíciles de comprender, comparada con gente ordinaria——o, más bien, no. Desde que llegó a este lugar, Subaru no había tenido más que un contacto limitado con ellos, no era de extrañar que fuera incapaz de comprender sus verdaderos sentimientos.
 
Se preguntaba qué clase de emociones complejas podrían estar escondiendo tras la máscara de su cara sonriente.
 
—Aunque eso es algo de lo que únicamente se da cuenta ahora que ha asimilado «mi» vida.
 
Emilia: ——Dividámonos, buscaremos a Meili. Subaru, quédate aquí junto a Beatrice.
 
Y entre la autocondena de Subaru y el ambiente incómodo que Shaula dejó atrás, Emilia alzó la voz e irrumpió con palabras para urgir a los demás a que se pusieran manos a la obra. Al escuchar las instrucciones de la chica, el corazón de Subaru se llenó de vergüenza.
 
—Ellos quieren encontrarme a «»…
 
Emilia: Beatrice, dejo a Subaru en tus manos, ¿vale? Yo iré a buscar por donde se encuentra Reid.
 
Beatrice: Muy bien, de hecho. ——Emilia y el resto, tengan cuidado, supongo.
 
Intercambiando estas palabras y dejando a Subaru bajo el cuidado de Beatrice, Emilia y Beatrice distribuyeron la función de cada uno, rezando por un golpe de suerte en esta situación.
Emilia se llevó a Ram, Echidna y Julius con ella, saliendo de la biblioteca para buscar a Meili por toda la atalaya.
Y mientras los veía partir, Subaru no encontró palabras con las que despedirse de ellos.
 
Beatrice: ——Parece que no estás pensando en ir con ellos, de hecho.
 
Tras despedir al grupo de búsqueda, Beatrice —que se había quedado atrás junto a Subaru— dijo eso encarándose hacia Shaula.
Al recibir la mirada mordaz de Beatrice, Shaula respondió Es que~… en un tono exagerado.
 
Shaula: Mi función aquí es únicamente la de ser la Guardiana de las Estrellas, ¿no lo recuerdas? Así que, habiendo tomado yo ese supertítulo, mi cuerpo y alma le pertenecen al Gran Maestro; si el Gran Maestro lo deseara, seguiría sus superpeticiones con todo lo que tengo.
 
Beatrice: En ese caso, entonces también debes ir a buscar a Meili, supongo. No te quedes aquí a perder el tiempo.
 
Shaula: ——¿De verdad es ese el caso?
 
De repente, Shaula ladeó la cabeza, se encaró hacia Subaru y le lanzó una mirada coqueta.
Mirando por encima de la cabeza de Beatrice, le preguntó a Subaru al respecto directamente. Había algo hechizante sobre su apariencia——la expresión facial de Shaula, más que la apariencia indiferente en su rostro habitual, por primera vez mostraba indicios de algo más que el usual comportamiento juvenil que ella poseía.
 
Subaru: …
 
Al ser pillado por sorpresa por lo atractiva que era ella, Subaru sintió como si se le fuera a salir el corazón una vez más. Por reflejo, él alzó el rostro y le devolvió la mirada a los ojos negros de Shaula, de los cuales fue incapaz de leer nada.
Cara a cara con Subaru, los labios de Shaula se relajaron y, sin mostrar rastro alguno de malicia, sujetó el Libro de los difuntos frente a sus voluptuosos senos.
 
Shaula: Si el Gran Maestro deseara que lo hiciera, incluso sería capaz de derribar la luna. Por eso es que quiero oírselo decir al Gran Maestro y no a la semibruja, ni a la pequeñaja número uno, ni al guapilindo.
 
Subaru: Yo…
 
Shaula: Gran Maestro, ¿qué debería hacer? ¿Quiere que vaya a buscar a la pequeñaja número dos? ¿O…?
 
Shaula dejó a medias su frase, eligiendo no decir nada más allá.
Sin embargo, mientras esperaba la decisión de Subaru y mientras sostenía el Libro de los difuntos junto a sus senos, Shaula se contuvo de decir nada más. Subaru reflexionó, pero no se le ocurrió nada que decir ante su actitud inamovible.
 
¿Dónde se encontraba la respuesta correcta en lo más profundo de sí mismo?
 
Subaru: …
 
Que sus emociones estuvieran en conflicto ante lo que Emilia y los demás habían sugerido era prueba de la actual existencia contradictoria de Natsuki Subaru.
 
——No podría decirse que la vida de Meili Portroute hubiera sido larga.
 
Al haber leído su Libro de los difuntos, blasfemamente él masticó, tragó y digirió con un estómago invisible las partes de ella que él quiso, como si ella fuera una bandeja de aperitivos.
 
—«Natsuki Subaru» había saboreado completamente «mi» vida de dos maneras.
 
Como resultado, la mezcla de consciencias de Natsuki Subaru y «Natsuki Subaru» estaban divididas en algo medio parecido a esquizofrenia, habiendo acogido ahora también a la niña.
 
——Subaru quería ocultar su involucramiento en la muerte de Meili.
——Subaru deseaba que ellos encontraran el cuerpo sin vida de Meili que él mismo había ocultado.
——Subaru odiaba a «Natsuki Subaru», quien me había asesinado a «».
 
Y así, deseos contradictorios nacieron dentro de Subaru, impulsándolo a tratar de hacer que sus deseos se hicieran realidad.
 
Subaru: ——Shaula, ve a buscar a Meili. Por favor ve y ayuda a Emilia y a los demás.
 
Antes de que siquiera pudiera percatarse de ello, Subaru estaba emitiendo algo parecido a una orden de qué hacer sobre Meili.
Al recibir sus instrucciones, Shaula alzó las cejas, se enderezó y realizó un saludo.
 
Shaula: ¡A la orden! ¡Si eso es lo que el Gran Maestro desea, haré lo que sea que desee!
 
Guiñándole un ojo mientras le ofrecía un saludo amoroso, Shaula le ofreció el libro a Subaru. Él recibió el libro, el cual se sentía como una carga negra en este momento; y cuando Subaru frunció el ceño, Shaula le enseñó la lengua.
Luciendo algo pícara, Shaula le dio la espalda a Subaru y bajó las escaleras de la biblioteca de un gran brinco. Subaru vio cómo su oscilante cabellera negra desaparecía gradualmente fuera de su vista. Y sintiendo como si hubiera sido liberado de una gran tensión, Subaru dejó escapar un suspiro de alivio.
 
Subaru: Qué cosas tan extrañas…
 
——El Natsuki Subaru acusado falsamente, quien no quería divulgar su participación en el crimen, o dejar que ellos encontraran el cadáver.
 
——«Yo», la víctima, deseaba que ellos encontraran mi cadáver y despejar esta furia y arrepentimiento dentro de «».
 
——«Natsuki Subaru», el infractor que asesinó a personas y apiló actos de maldad uno tras otro.
 
Todos estos pensamientos coexistían el uno con el otro en un solo cuerpo, y todos ellos acechaban e intentaban presionar a Natsuki Subaru para que eligiera una de sus opciones.
Si realmente él únicamente se preocupara por sí mismo, habría cerrado la boca respecto a la vida y la muerte de Meili, y habría puesto su cerebro a trabajar más duro para falsificar los contenidos que había presenciado dentro del Libro de los difuntos.
 
—En realidad, Subaru no tiene la inteligencia suficiente para lograr llevar a cabo tal acto; pero su decisión se debe sobre todo a que él empatiza con «mis» arrepentimientos y a que él siente hostilidad hacia «Natsuki Subaru»——ese ser malvado que hace lo que le place y que hace que ahora él sienta rabia hacia sí mismo.
 
Ciertamente, alguien asesinó a Subaru en las tres últimas repeticiones.
Pero incluso eso parecía un complot planeado por «Natsuki Subaru», quien acechaba dentro de Subaru. Parecía plausible que fuera una trampa, preparada para hacer que Subaru actuara impulsivamente y acabara odiando a los demás.
 
Al fin y al cabo, lo que él había pensado antes de leer el Libro de los difuntos parecía ser cierto.
Ni Emilia, ni Meili ni los demás eran realmente malvados. El único que era malvado era Natsuki Subaru, ¿no es cierto?
 
Beatrice: Subaru, no es bueno para ti que te quedes dándole vueltas a la cabeza, de hecho. Sería mejor que soltaras ese libro, supongo.
 
Subaru: …
 
Subaru se percató justo ahora de que Beatrice estaba arrodillada junto a él, mirándole con preocupación en sus ojos.
Justo frente a él, ella le estaba mostrando su preocupación——lo cual le recordó que Emilia le había mirado exactamente de la misma manera. Un malestar se asentó en el corazón de Subaru.
 
Las emociones que Beatrice estaba mostrando no estaban dirigidas a Natsuki Subaru, sino a «Natsuki Subaru».
Se sentía terriblemente deshonesto, por estar recibiendo esto tras haber escondido el hecho de que había perdido los recuerdos y, además de eso, habiéndose mantenido en silencio sobre la verdadera naturaleza de «Natsuki Subaru».
 
—¿Acaso no debería contárselo?
 
Antes de haberse dado cuenta siquiera, el actual Natsuki Subaru le arrebató violentamente la «vida» a Meili. Si eso iba volver a ocurrir, entonces, antes de que semejante peligro fuera dirigido hacia Emilia, Beatrice y los demás…
 
Subaru: … ¿Por qué eres tan amable conmigo?
 
Beatrice: ——Espera, esa es una pregunta muy repentina, de hecho. ¿Qué ocurre, supongo?
 
Subaru: Nada…
 
Como última palabra sobre el asunto, si quería descubrir el significado detrás de las relaciones que había tomado prestadas, quizá necesitaba escuchar qué era lo que había ocurrido antes de que acabaran así——la verdadera opinión de ellos.
Necesitaba saber el verdadero significado detrás de por qué Emilia, Beatrice y los demás tenían tanta fe en «Natsuki Subaru».
 
Subaru: …
 
Tan pronto como intentó pensar a fondo sobre ello, una sensación de duda surgió dentro del corazón de Subaru.
 
—Aquello que «yo» sentía por Elsa. Aquello que Emilia y los demás, quienes en este mundo tratan a Natsuki Subaru como a alguien cercano, sentían por «Natsuki Subaru».
 
Una gema que tan sólo Natsuki Subaru podía tener, a la cual tan sólo él podía observar.
Los rastros, el aroma persistente, los remanentes, la calidez que debería haber estado ahí… ¿por qué sólo Natsuki Subaru estaba expuesto a ello desde tan cerca?
 
Subaru: …
 
—¿Por qué semejante hombre?
 
—¿Por qué semejante ser humano cruel?
 
—¿Por qué un hombre con una sonrisa tan cruel?
 
—¿Por qué este hombre involucrado en la muerte de Elsa?
 
—¿Por qué este hombre que se había reído mientras asesinaba a Meili?
 
—¿Por qué este hombre que había tratado de ocultar «mi» muerte?
 
—¿Por qué semejante hombre, semejante hombre, semejante hombre era querido? Ellos lo querían.
 
Subaru: …
 
—Quiero saberlo. No lo sé. Quiero saberlo. No lo sé. Sólo yo mismo, sólo Subaru, sólo «yo» no sé la razón. Es imposible que lo sepa. No tengo conocimiento de ello. Es unilateral; todo es unilateral.
 
Subaru: …
 
—Si pregunto, ¿lo comprenderé? Si pregunto, ¿seré capaz de ponerlo en duda? ¿Puedes decirme?
 
—¿Pensabas que era genuina? La sonrisa que expresé, la sonrisa que «yo» mostré era falsa, había un vacío en mi corazón. Y eso es porque todos llevan máscara, incluso tú, Natsuki Subaru. Incluso a pesar de que tú no quisieras mostrarles tu máscara a tu madre ni a tu padre fuera de casa.
 
—Si hay una manera de conocer la verdad, entonces ¿dónde está? ¿Qué es lo que piensan todos realmente de mí, cuáles son sus verdaderos sentimientos, y por qué todos creen en «Natsuki Subaru»?
 
—El método para saber todo eso… es algo que «yo» puedo decirte. ¿Te interesa?
 
Subaru: …
 
Una voz resonando en su mente le seducía cruelmente. Y entonces se percató de que la solución a los problemas que habían dominado sus pensamientos durante tanto tiempo se encontraba muy cerca.
 
¿Acaso no había habido una manera de conocer la respuesta a esto descansando entre sus brazos incluso en este mismo momento?
 
Beatrice: ¿Subaru?
 
Mirando al silencioso Subaru, Beatrice entrecerró los ojos con inquietud.
Sin devolverle la mirada, Subaru simplemente miraba a lo que reposaba entre sus brazos.
 
Subaru: …
 
 
 
——Un tomo negro y pesado que parecía estarle ofreciendo una repugnante bienvenida a su curiosidad.