viernes, 22 de septiembre de 2023

,

Asesinar se convierte en un hábito


Inglés

Español
Aingero

Corrección y edición
Carlos
Pretinaverse

※ ※ ※ ※ ※

Subaru: …
 
Subaru guardó silencio mientras miraba la cubierta negra del Libro de los difuntos que sostenía en sus brazos.
 
Beatrice se acurrucó más cerca de él y, al sentir su mirada preocupada y extrañada, Subaru no se atrevió a moverse.
 
Hasta ahora, lo que había dominado la mente de Natsuki Subaru fueron preguntas sin ninguna respuesta en particular, como si entablara un diálogo zen.
 
De hecho, no eran más que pensamientos superficiales que podían tacharse como simples nimiedades.
Eran las risibles y vagas preguntas propias de un niño.
 
——Todos, sin excepción, ocultan una faceta interior que jamás muestran a los demás.

Es una verdad que todo el mundo aprende con el pasar de los años.
La expresión del odio detrás de una sonrisa, la tristeza y las lágrimas detrás de la furia. Los seres humanos pueden ocultar sus verdaderos sentimientos mientras interaccionan con los demás como si nada.
 
Es imposible comprender con plenitud los verdaderos deseos, los verdaderos anhelos y las verdaderas intenciones de los seres humanos.
 
Hermanos, hermanas, padres, hijos, cónyuges, familiares… nunca se llega a comprender del todo a ninguno de ellos.
Amigos, amigos de la infancia, mejores amigos, amantes… por muy estrecha que llegue a ser una relación, es absolutamente imposible descubrir lo que se esconde en lo más profundo de ellos.
 
Lo que aman; lo que desean; lo que prefieren; con quién bajan la guardia; con quién se sienten cómodos… Se trata de problemas completamente diferentes a esas diversas conexiones de mente y cuerpo.
 
Desde luego, él lo sabía. Pero, aun así, no quería abandonar esos pensamientos sólo porque sí.
Quería saber, quería entender, quería escuchar, quería que le revelaran todo. Ese era su arrogante, pero anhelado, deseo. Más aún cuando su vida y la de los demás pendían de un hilo.
Aunque no hubiera absolutamente ninguna manera de lograrlo, ni llegara a haber una.
 
——O, más bien, lo normal sería que no existiera.
 
Debido a que no debería existir una manera de explorar los pensamientos de la gente, Subaru se rio por la nariz.
Pero, en la biblioteca Taygeta, Subaru terminó descubriendo cómo.
 
Subaru: …
 
——Meili Portroute.
Al leer su Libro de los difuntos, Subaru tuvo una experiencia vicaria sobre la vida de Meili, comprendió lo que pensaba y sentía, y a quién odiaba en el momento de su fallecimiento.
 
Naturalmente, esta brevísima experiencia no definía por completo a la chica llamada Meili.
El tiempo que ella había pasado viva era demasiado largo para que su cerebro pudiera asimilar todos sus acontecimientos individuales. Aunque la vida de Meili hubiera sido corta, él no habría podido absorber todos sus recuerdos.
 
Masticó ávidamente los detalles cruciales, y los engulló con el fin de comprender a Meili.
Así es como se sentía Natsuki Subaru, algo que era dolorosamente evidente para sí mismo.
 
Sin embargo, no obstante, aun así, y pese a todo…
Al caer en cuenta de que no entendía ni una pizca de la chica, su comprensión de Meili se hizo más profunda que nunca.
 
——Había una persona a quien «yo» apreciaba mucho. Su vida me fue arrebatada, y mi ahora solitario corazón siguió vagando. Estar con Subaru y los demás, quienes fueron los responsables de eso, hizo que me costara entender cuál era mi propósito exactamente. Fui a la biblioteca para encontrar su Libro de los difuntos y sentí vergüenza y desesperación cuando fui descubierta.
 
Sin esperarlo, Subaru había desvelado los sentimientos y deseos más íntimos de Meili, de quien no sabía absolutamente nada, y así se dio cuenta.
 
Estos dichosos Libros de los difuntos eran el medio perfecto para averiguar las verdaderas intenciones de los demás, sin falsedades de por medio.
 
Subaru: …
 
Quería saber, eso era lo único que deseaba.
Anhelaba saber las verdaderas intenciones de Emilia, Beatrice y los demás en la torre. Quería saber por qué confiaban tanto en «Natsuki Subaru».
 
¿Por qué creían a «Natsuki Subaru», que fue responsable de matarme a «mí»?
Y ahora, ¿qué pensaban de Subaru, que desesperadamente pretendía ser el despreciable «Natsuki Subaru»?
 
La intimidad es sólo una fachada, el odio es la realidad, sentimientos como el enojo, la tristeza y la alegría son temporales. ¿Acaso no eran la hostilidad y la malicia sus sentimientos auténticos?
 
No lo sabía. Quería saberlo. Quería confiar en ellos. No podía confiar en ellos.
¿Eran Emilia y los demás aliados o enemigos? ¿Eran enemigos que mataron a Subaru o aliados que querían que viva?
¿Podía amarlos o no? ¿Podía odiarlos o no?
 
—¿Acaso no puedo obtener la respuesta leyendo sus Libros de los difuntos?
 
Beatrice: … Subaru, pareces encontrarte muy mal, de hecho. Si te sientes incómodo aquí, sería mejor que fuéramos a algún otro lugar para que descanses, supongo.
 
Mientras Subaru estaba sumido en sus pensamientos, Beatrice le tocó el hombro y le brindó esa sugerencia.
Por un momento, Subaru quedó sin aliento al verse atrapado por la mirada de los distintivos ojos azules con patrón de mariposa de Beatrice. Mientras la miraba, la diminuta palma de la chica se posaba en el hombro de Subaru.
 
¿Qué pasaría si tomara su mano, le agarrara la cabeza y la estrellara contra el suelo con todas sus fuerzas?
 
Subaru: Qué pequeña…
 
Beatrice: Jumf… ¿A qué viene eso de repente, de hecho? Es precisamente en esta pequeñez donde yace la lindura de Betty, supongo. Subaru, ya lo habías mencionado antes, de hecho.
 
Al ver a Beatrice refunfuñar con las mejillas hinchadas, Subaru relajó instintivamente sus propias mejillas.
Ciertamente, si Subaru estuviera en su estado normal, no sería extraño que haya dicho eso. Al darse cuenta de la similitud entre él mismo y «Natsuki Subaru», éste sonrió amargamente.
 
Pequeña. De verdad Beatrice era sólo una niña pequeña.
Su cuello era delgado y sus huesos frágiles. La mano que descansaba sobre el hombro de Subaru era lo suficientemente pequeña como para ser completamente cubierta por su palma. Si él ejerciera siquiera un poco de fuerza mientras la abrazaba, podría hacer que su frágil cuerpo se rompiera.
Si estos pensamientos se convirtieran en acciones, él debería ser capaz de matarla fácilmente.
 
——Si la matara… si su vida se extinguiese, ¿aparecería su libro en la biblioteca?
 
???: Como lo que me hiciste a «», ¿noo?
 
Subaru: …
 
En su subconsciente, Subaru oyó repentinamente una voz que no era la suya propia.
Era algo dulce, y lo suficientemente seductora como para sonar adulta, pero era una voz extrañamente familiar. En este corto período de tiempo, la voz se hizo lo suficientemente familiar como para que pudiera considerarla suya.
 
La voz en su interior era la de la niña muerta burlándose de las intenciones de Natsuki Subaru.
 
Subaru: …
 
Sin embargo, Subaru dejó pasar este suceso y se concentró en el problema que tenía delante.
Es decir, si los Libros de los difuntos podrían utilizarse de forma realista.
 
Si se pudiera, ¿cómo podría hacerlo realidad?
 
Beatrice: Tu rostro luce muy pálido, supongo. Como imaginaba, deberíamos ir a otro sitio, de hecho. Pero antes de eso…
 
Subaru: … Ah
 
Beatrice: Debo devolver esto a su lugar, supongo. Tampoco es bueno para Betty que su mente se nuble, de hecho.
 
Dicho esto, Beatrice tomó el Libro de los difuntos de las rígidas manos de Subaru. Lo sostuvo con cautela para asegurarse de que no se abriera y lo colocó en un hueco vacío que había en la estantería: el lugar donde estuvo originalmente.
 
Beatrice: Recordar la ubicación del libro es sencillo, supongo. Aunque es posible que los libros en esta biblioteca empiecen a moverse por su cuenta…
 
Subaru: Una medida de seguridad, ¿eh? ——Puede que… sí, supongo que es eso.
 
Beatrice: Deberías asumir que sacarlo es bastante peligroso, de hecho. Y a Shaula le preocupaba que los dejáramos tirados en el suelo; así que, para evitarlo, es más seguro hacer esto, supongo.
 
Subaru: Creo que estar en esta biblioteca es una oportunidad única en la vida.
 
En respuesta a Beatrice, Subaru soltó esas palabras con aspereza.
En realidad, incluso en el mundo que Subaru conocía, se dice que las oportunidades de encontrar un libro publicado hace muchos años sólo se presentan una vez en la vida. Al igual que toparse con una tienda de libros de segunda mano durante un viaje, si se pierde esta oportunidad, era posible que nunca volviera a encontrar el libro. Esta conjetura también podría aplicarse a esta biblioteca.
Como de costumbre, ¿había estado pensando demasiado en ello? Sin duda, este pensamiento le incomodaba.
 
De todos modos, Subaru se sumergía cada vez más en su mar de pensamientos mientras miraba cautelosamente la espalda de Beatrice al mismo tiempo que ella se esforzaba en ordenar los libros.
 
Haciendo un recuento de sus ya extintas vidas, Subaru buscó alguna forma hórridamente realista de matarla.
Sin embargo, Beatrice no era la única en la que debería pensar. Cada uno de los miembros que había dentro de la atalaya estaba en posición de convertirse en objetivo del plan de Subaru en relación a los Libros de los difuntos.
 
Meili: Así que quieres matarlos para saber si son de fiar, o si deberías dudar de elloos; onii-san, eres muuy retorcidoo.
 
La voz de la niña lo interrumpió, haciendo que Subaru chasqueara la lengua.
 
Lo primero que quería responderle era que consideraba que se trataba de un experimento mental necesario.
Subaru no era un psicópata dominado por impulsos homicidas en absoluto; él no estaba guiado por urgencias tan anormales que lo llevaran a complacerse con actos como ese.
Sin embargo, al reflexionar en este momento sobre la situación, esa fue la única opción que se le ocurrió. Parecía lógico.
 
Meili: Basta de excusaas… ¿No puedes simplemente decirme qué es lo que haráás?
 
—Sería muy fácil eliminar a Beatrice.
 
Ella estaba dándole la espalda a Subaru, luciendo desprotegida, indefensa y con la guardia completamente baja. Se podía afirmar que la vida de Beatrice pendía de un hilo precariamente sujetado por el razonamiento defectuoso de Subaru. Tan pronto como esa «racionalidad» superara la razón, muy probablemente Subaru acabaría con la vida de la chica con bastante facilidad.
Respecto a Beatrice, tenía sólo dos opciones: hacerlo o no hacerlo. Sonaba factible ignorar por completo las innumerables otras posibilidades que se ramificaban como alternativas desde su punto de vista.
 
Meili: ¿Y qué me dices de la onee-san semibrujaa?
 
—Con Emilia sería aún más fácil… pan comido. Una vez incluso la agarró por el cuello después de despertarse. Ella no había mostrado ningún signo de resistencia en el pasado. Mientras ponga toda mi fuerza en mis brazos, podría romper fácilmente ese frágil cuello suyo. Ciertamente, sé que ella tenía una fuerza similar a la de un luchador profesional, pero eso no significa nada a menos que ella estuviera preparada para usarla. Si yo estrangulara su cuello con toda mi fuerza sin previo aviso…
 
Meili: Ju ju ju, es tu especialidad, ¿a que síí?
 
—Ram, pese a su venenosa lengua, también es en esencia una chica débil.
 
Subaru recordaba la vez que ella lloró, apretando su cabeza contra él, suplicándole por sus recuerdos. Con sus delgados brazos abrazándole desesperadamente, era débil; no era más que una niña después de todo.
Y Echidna también. Ahora que lo pensaba, todas eran chicas débiles. Si la misión era cruzar el desierto, realmente había hecho una mala elección de personas.
Era como si, por mucho que prefiriese tener gente más adecuada con él, no hubiera tenido suficiente gente donde elegir.
 
Gracias a eso, Subaru tenía posibilidades… si no fuera por el último obstáculo en su camino.
 
Subaru: … Julius.
 
El único obstáculo que se interponía en su camino era un hombre, al igual que Subaru, y que incluso tenía una espada en la mano.
Atacarlo de frente sería un acto completamente suicida… y tampoco sería una buena idea atacar de frente a Emilia, pero ese era otro tema.
 
En cualquier caso, si fuera a ejecutar el plan de los Libros de los difuntos, él sería el mayor reto a superar.
En otras palabras, Julius era a quien debía vencer primero.
 
Meili: Con lo mucho que se tarda en buscar los libros, por más tiempo que tengas, no será suficiente, ¿verdaad?
 
Tal como dijo la chica, el propósito de Subaru no era simplemente «matar y listo».
Más bien, matar como necesidad, un paso que debía dar, ya que sus deseos yacían frente a él, al lado de los Libros de los difuntos obtenidos a cambio de la muerte.
 
Para ese propósito, era necesario estar seguro.
Había matado, había fracasado, así que no podía dejar que terminara así. Más allá de eso, tenía un objetivo.
 
Beatrice: Subaru, suficientes libros por hoy, de hecho. Vámonos lejos de aquí… a la sala del espíritu o algún sitio así, supongo. Deberías poder calmarte allí, de hecho.
 
Subaru: La sala… del espíritu…
 
Beatrice se acercó a Subaru, lo tomó de la mano y lo ayudó a levantarse. Al pensar ahora en la sala del espíritu, Subaru recordó su punto de reinicio.
Ese lugar era la Sala verde, y en ese lugar…
 
Subaru: Patrasche…
 
Beatrice: ——Otra vez mencionas el nombre de esa dragona de tierra… Cielos, no tiene sentido preocuparse por un compañero como tú, supongo. Era yo quien estaba preocupada, no puedo creerlo, de hecho.
 
Subaru: L-lo siento. No fue mi intención.
 
Por un momento, la figura de la dragona de tierra color azabache pasó por su mente, e hizo que sus labios se relajaran. Ante la mirada de Beatrice, Subaru volvió en sí de inmediato.
Sin embargo, incluso en este escenario, Patrasche seguía siendo la única en quien Subaru podía depositar su confianza.
Patrasche fue la única que arriesgó su vida para defender a Subaru, independientemente de sus verdaderas intenciones o sentimientos, permaneciendo junto a Natsuki Subaru.
 
Meili: Si ella supiera que onii-san no es «Natsuki Subaru», ¿crees que ella haría lo mismoo?
 
Subaru: …
 
Meili: Después de todo, del lado de onii-san… no hay nadie, ¿noo?
 
Una voz alegre resonaba en la mente de Subaru, burlándose de él.
Una presencia distinta a la de Natsuki Subaru lo acechaba, tratando de socavar su optimismo.
Él desearía dejarlo pasar con unas risas, como si hubiera oído una tontería; pero ahora Subaru no podía permitirse ese lujo. Su corazón llegó a concordar en parte con las palabras de la chica.
 
Si Patrasche descubriera que el cariño que la llevó a entregarlo todo no iba dirigido a «Natsuki Subaru», sino a un Subaru impostor, de seguro ella lo abandonaría.
 
Beatrice: Ey, Subaru, dame tu mano, supongo.
 
Subaru: Ah, claro…
 
Con su cerebro siendo manipulado por la voz de la chica, Subaru apretó los dientes con emociones difíciles de aceptar.
Su visión empezó a nublarse como resultado. Beatrice, extendiendo su mano en un intento de sostener la de él, hizo una mueca repentina en señal de haber notado algo.
Su mirada se posó en la muñeca de Subaru——se había dado cuenta.
 
Beatrice: Tienes heridas, de hecho. Y muchas…
 
Al remangar el brazo derecho de Subaru, Beatrice frunció el ceño ante esas dolorosas heridas. Aunque parecía no haber notado las heridas profundas de más arriba en su brazo, bastaba con su antebrazo.
 
Subaru: …
 
De momento, Beatrice no sabía cómo había muerto Meili.
Por lo tanto, no debería ser capaz de relacionar de inmediato estos arañazos con su muerte. Pero, aun descartando esto, debería estar preguntándose dónde demonios se las hizo Subaru.
 
Si el cadáver de Meili era descubierto, ella inevitablemente sospecharía.
 
Subaru: …
 
Su corazón desprevenido empezó a latir como si fuera el timbre de una alarma.
Ante sus ojos, Beatrice permanecía con la mirada en su mano y sin percibir esa expresión de Subaru. Con un rápido movimiento, sería posible encargarse de Beatrice.
 
Meili: ¿Qué vas a haceer? ¿No deberías empezar yaa?


Como si jugara con su autoconfianza, la voz instaba a Subaru a tomar una decisión.
Los fuertes latidos de su corazón hacían palpitar también su sien.
Dependiendo de lo que Beatrice dijera a continuación en esta situación, Subaru tendría que…
 
Beatrice: Parece que has vuelto a arañarte el brazo, de hecho. Qué mal hábito, supongo.
 
Subaru: … ¿Eh?
 
Beatrice: Esto no es bueno, de hecho. Si Emilia lo hubiera notado, la habrías preocupado mucho, supongo. Ni siquiera Betty puede pasar por alto esto tan grave, de hecho.
 
Mientras seguía las cicatrices de Subaru con los dedos, Beatrice bajó la mirada con dolor.
Tras esos comentarios, Subaru fue incapaz de moverse por el inesperado impacto de sus palabras.
 
Subaru esperaba que descubrieran el pastel; pero, muy al contrario de darse cuenta de la horrible verdad, Beatrice parecía convencida de que Subaru se había autolesionado arañándose los brazos, casi como si Beatrice estuviera acostumbrada a ver semejantes heridas cubriendo el brazo de Subaru.
Incluso dijo que se lo había ocultado a Emilia, lo que en sí mismo era sorprendente.
 
Beatrice: Si vas a la sala del espíritu, estas heridas se curarán, supongo. Pero, como Betty no soporta verlas, las curará aunque sólo sea un poco, de hecho.
 
Mientras decía eso, Beatrice envolvió la muñeca de Subaru de una pálida luz.
Esa cálida y acogedora sensación era quizás el dolor de sus heridas siendo curadas. La magia de curación se presentaba ante sus ojos.
 
Subaru: …
 
Al mismo tiempo, todo rastro de hostilidad que Subaru tenía hacia Beatrice se desvaneció rápidamente.
Junto a esta calidez, la humanidad de Natsuki Subaru —tan inflamada como las heridas en su muñeca— parecía también haberse restaurado.
 
Meili: Qué aburridoo.
 
La niña le abucheaba dentro de su cabeza, como si sus deseos le hubiesen sido denegados.
Mientras la oía directamente en su cráneo, Subaru engulló toda la maldad que había surgido en su cabeza.
 
Desde luego, había sido una opción, pero no más que eso.
No había necesidad de aventurarse a por esos tan anhelados Libros de los difuntos. Especialmente en esta situación en la que no tenía nada preparado.
 
Subaru: …
 
Hacerle daño a Beatrice ahora no era una buena idea.
Aún no estaban listos sus preparativos. Aunque tomase las peores medidas posibles, debería hacerlas con el respaldo de un plan minucioso.
 
Por tanto, aquí y ahora…
 
Beatrice: Vámonos ya, supongo. Subaru, Betty hablará al respecto más tarde con todos, de hecho.
 
Subaru: … De acuerdo. Perdón por molestarte, Beatrice.
 
Beatrice: Promete que no hablarás de esto, supongo.
 
Aunque no sabía si la preocupación de la chica ante sus ojos era genuina o no, Natsuki Subaru creía que debería hacerle caso.
 
 
    
 
 
En primer lugar, aunque no esté relacionado, existe una frase.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
Es una de las frases que el detective, Hércules Poirot, dejó al mundo.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
El significado de esta frase no hace referencia a una persona que haya matado a un ser humano y que, repentinamente, despierta un gusto por asesinar, reincidiendo para satisfacer sus deseos.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
Sino que se refiere a que, cuando alguien resuelve su problema una vez mediante el asesinato, siempre que surja otro problema, pensará en volver a intentar resolverlo asesinando.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
Para cuando empiece a considerar que asesinar no es una opción, algo muy importante ya habrá cambiado.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
De hecho, aunque fuera alguien que nunca asesinara por voluntad propia, aunque le disgustara asesinar y aunque vislumbrara los recuerdos de la persona asesinada, ese hábito no desaparece.
 
——Asesinar se convierte en un hábito.
 
El hábito… no desaparece.
 
 
 
——Asesinar se convierte en un hábito.