domingo, 8 de febrero de 2026

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Mirada distante


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Aingero
Miguel

Corrección y edición
Carlos
Pretinaverse

※ ※ ※ ※ ※

Su cabeza se sacudía de un lado a otro con suma violencia.
 
Poco a poco, se dio cuenta de que alguien la llevaba en brazos, y que ese alguien corría como si su vida dependiera de ello.
No era la primera vez que la cargaban de tal forma.
Tampoco es que estuviera acostumbrada a que la trataran como equipaje, pero era habitual que su compañera fuera poco considerada al cargarla.
 
『 Meili: Ya bastaa, Elsa… 』
 
Nunca le hacía caso, sin importar cuántas veces lo pidiera. La relación que mantenía con ella era algo que le resultaba difícil de describir.
No le tenía suficiente confianza como para llamarla compañera o cómplice, ni eran lo bastante cercanas como para considerarla una hermana o una madre. Tampoco eran amigas, pero su vínculo no era tan distante como para reducirla a una mera conocida.
Es por eso que siempre acababa confundida: ¿cómo debía llamarla?
 
――¿Qué pensaba Elsa de ella?
 
『 Meili: Que no me zarandees tantoo… 』
 
Expresar sus quejas no servía de mucho, pero no decir nada era como resignarse, así que tampoco podía permitírselo. Por eso, aunque sus palabras no fueran escuchadas, seguía hablando… o, más bien, lo intentaba.
Como si recubriera sus palabras, un líquido caliente brotó de su boca antes de que pudiera hablar. En un inicio pensó que estaba regurgitando el desayuno por la boca, pero no era eso.
Era sangre, de un color carmesí intenso, que brotaba a borbotones desde las profundidades de su pequeño cuerpo.

『 Subaru: ¡Mierda, no para de sangrar! ¡Beako, ¿qué deberíamos hacer?! 』
 
『 Beatrice: ¡Prioridades! ¡Asegúrate de que expulse toda la sangre de su garganta, supongo! ¡Sería fatal si se ahogara, de hecho! 』
 
Oyó una voz masculina y otra femenina gritando cerca de sus oídos, y enseguida inclinaron su cuerpo hacia un lado. La sangre subió por su garganta y brotó de sus labios sin cesar, acompañada de una tos violenta.
Algo se presionó contra su boca y succionó la interminable sangre. Su garganta se despejó justo a tiempo y el aire ingresó con rapidez a sus pulmones hasta alcanzar su cerebro.
 
『 Subaru: ¡――Pfuah! ¡Bien, vuelve a respirar! ¡Cúrala un poco con magia! 』
 
『 Beatrice: ¡Entendido, supongo! Pero no podemos seguir haciendo esto una y otra vez, de hecho. 』
 
『 Subaru: ¡Lo sé! … Le exigí a Meili más de la cuenta, es culpa mía. Pagaré el precio. 』
 
Meili había notado los gritos sobre su cabeza; pero, apenas recuperó la respiración, su mente y cuerpo se volvieron tan pesados que fue incapaz de distinguir lo que decían.
No, no fue por eso. Siempre estuvo así de agotada; sólo que, al sentir que el mayor peligro ya había pasado, su consciencia al fin pudo cambiar su foco de atención. Fue entonces cuando finalmente pudo sentir cuán malherida se encontraba.
 
Sus brazos y piernas no respondían. La cabeza le daba vueltas. Había vomitado casi tres tazas de sangre. Sentía como si todo su cuerpo estuviera en llamas… y que su espalda era lo que ardía con más ferocidad.
Algo iba mal allí; algo iba muy mal en toda su espalda.
 
Quizá por eso no puedo mover el cuerpo ni dejar de vomitar sangre, pensó.
Las dos voces que gritaban sobre ella, lo que había estado haciendo instantes antes… todo ello era vago y difuso.
Aun así, perdida en un mundo de niebla y confusión, alcanzó a distinguir algo con claridad.
Y aquello era…
 
『 Meili: Una… promesa… 』
 
Alcanzó a sentir que había hecho una promesa a alguien…
 
 
△▼△▼△▼△
 
 
――Cuando el gigantesco escorpión cambió de color, la luz de su disparo brilló con una intensidad nunca antes vista hasta ahora.
 
La creciente luz blanca se dispersó en todas direcciones, reduciendo a cenizas los numerosos y flameantes Soberanos de la Hambruna que apuntaban hacia su exoesqueleto carmesí, además de generar una onda de choque que partió el mar de arena.
Lógicamente, ni Subaru ni Beatrice pudieron evitar quedar atrapados en la destrucción, pero fue Meili quien se llevó la peor parte.
 
Forzada a adentrarse al frente para comandar más eficientemente a las mabestias, fue alcanzada por el contraataque del gigantesco escorpión――del Escorpión Carmesí.
Por suerte, no recibió un golpe directo de los aguijones de luz. No cabía duda de que, si hubiera sido rozada por uno solo, no habría quedado rastro alguno de su pequeño cuerpo.
Aunque eso no había sucedido, sí que recibió de lleno el impacto de la onda de choque, que era tan potente que partió e hizo ondear el mar de arena. Eso bastó para causarle daños casi mortales.
 
『 Subaru: ¡¡Meili!! 』
 
Cuando Subaru y Beatrice corrieron hacia su cuerpo desplomado sobre la arena, la hallaron en un estado deplorable. Probablemente, debido a que se acurrucó en el último momento, las lesiones más graves se concentraron en su espalda.
Con su capa negra arrancada por la onda de choque de la luz blanca, su piel maltrecha quedó al descubierto bajo la tela quemada. Al ver su piel carbonizada y lacerada ante sus ojos, la vista de Subaru se nubló por un momento.
Sin embargo…
 
『 Subaru: ¡¿Soy así de estúpido?! ¿Para qué sirvo yo, sino? 』
 
Aferrándose a su consciencia con el puño cerrado, invocó aquel poder oculto en su interior.
Cor Leonis estaba ya activo――El poder que le permitía soportar los dolores y las cargas que sentían sus compañeros aumentó su flujo desde Meili hacia él, permitiéndole asumir casi todo el dolor que Meili sentía por su lesión casi mortal.
Naturalmente, sería insensato asumir todo su dolor, porque, si llegaba a hacerlo colapsar, las consecuencias serían imprevisiblemente graves. Por ello, cargó con la mayor porción que podía soportar sin desmayarse, pero…
 
『 Subaru: Está bien… Puedes hacerlo. ――¿No es así, Natsuki Subaru? 』
 
Si hubiese sido su antiguo yo quien estuviera aquí, quizá habría perdido tanto la compostura como su espíritu, armando un drama ridículo como resultado.
Sin embargo, Subaru comprendía bien lo que significaba transitar el camino de Natsuki Subaru. Sabía cuál era el propósito de su existencia, por supuesto, pero también entendía que había cosas que solo él podía lograr.
Por lo tanto…
 
『 Subaru: Emilia-tan y Julius están bien. Echidna, Patrasche y Rem también están a salvo. 』
 
Examinó la presencia de cada uno de sus aliados dentro de la torre, tanteando la solución más óptima en función de sus estados respectivos.
Si bien la desaparición de Emilia lo carcomía por dentro, también le preocupaba la situación de Julius en su batalla con Reid. Del mismo modo, temía por el paradero de Anastasia y Patrasche dentro de la torre, pero al final decidió confiar en todos ellos.
En su lugar, Subaru centró su atención en Ram y en quien tenía delante: Meili.
 
『 Subaru: ――kh. 』
 
Tan pronto como trasladó su malestar, el ardiente dolor de Meili lo invadió, extendiéndose como un incendio por sus entrañas y haciéndolo gemir de dolor.
Francamente, asumir la fatiga de Ram ya era agotador de por sí. Asumir ahora la carga del dolor casi mortal de Meili era como un suicidio.
 
『 Subaru: ¡Oh no…! 』
 
A pesar de todas sus palabras de ánimo, no halló la fuerza suficiente para adueñarse completamente de los malestares de ambas.
Bajo ese panorama, se vio obligado a reducir el flujo de carga que venía de Ram para asumir más del dolor de la moribunda Meili.
Ram, con la perspicacia que la caracterizaba, probablemente deduciría su razonamiento con solo ese gesto.
 
『 Subaru: Ya me imagino el reproche que me espera luego… 』
 
«¡Ja! Hablaste tan grandilocuentemente, sólo para acabar así. Barusu nunca dejará de ser Barusu, después de todo».
Mientras esa incómoda pero realista imagen de Ram cruzaba por su mente, Subaru apretó los dientes y relamió la sangre que había en su boca.
Se suponía que el efecto de Cor Leonis se limitaba a asumir las sensaciones de malestar de los demás, no las heridas; pero, el hecho de que Subaru saboreara su propia sangre, era una señal de que también le estaba afectando a su cuerpo.
 
El efecto de la mente sobre el cuerpo era por lejos más grande de lo que había imaginado.
Había oído que, si una persona creyera que tenía una barra de hierro caliente presionado contra su piel, aparecerían quemaduras sobre ella.
En otras palabras, asumir el dolor atroz de Meili significaba que lo experimentaría directamente, y que su mismo cuerpo reproduciría la fuente de ese sufrimiento.
Si no era precavido, Beatrice tendría dos cadáveres entre sus manos.
 
『 Subaru: ¡Preferiría evitar eso――! 』
 
Escupió la sangre que se había acumulado en su boca para luego levantar a Meili en sus brazos. Se agachó para esquivar la lanza llameante de un Soberano de la Hambruna y salió corriendo mientras Beatrice disparaba unas esquirlas violetas para mantenerlo a distancia.
 
El Soberano de la Hambruna que acababa de atacarlos era aquel sobre el que habían estado montados.
En un impactante giro de acontecimientos, la mabestia vio la oportunidad en medio del caos y traicionó a sus nuevos camaradas――no, simplemente la Protección Divina de Meili había cesado, ocasionando que la mabestia recobrara su habitual conducta fría y sanguinaria.
Sin Meili, las mabestias eran enemigos de la humanidad y, por extensión, de Subaru y compañía.
Semejantes mabestias retorcidas acechaban bajo el mar de arena en números desorbitantes.
 
『 Meili: ¡Cof―! 』
 
『 Subaru: ¡Meili! 』
 
Subaru corría desesperado para alejarse de las mabestias cuando Meili vomitó sangre sobre sus brazos. Ver a Meili toser y escupir sangre con una expresión de agonía aumentaba su ansiedad.
No tenía margen de maniobra para detenerse y curar a Meili. Y si esto seguía así…
 
『 Subaru: ¡Mierda, no para de sangrar! ¡Beako, ¿qué deberíamos hacer?! 』
 
『 Beatrice: ¡Prioridades! ¡Asegúrate de que expulse toda la sangre de su garganta, supongo! ¡Sería fatal si se ahogara, de hecho! 』
 
Intentando seguir el ritmo de Subaru y aprovechando al máximo el limitado maná que poseía, Beatrice mantenía a raya a toda mabestia que se aproximara. Mientras tanto, Subaru sacudía a Meili, tratando de que tosiera y expulsara toda la sangre de su garganta.
Sin embargo, ella seguía igual de pálida y el hilo de sangre que brotaba no se detenía. Sin otra opción, Subaru cerró el puño, presionó un extremo contra sus labios y, por el otro lado, trató de succionar la sangre de su garganta.
 
『 Meili: ¡Cof―! ¡Cof―! 』
 
『 Subaru: ¡――Pfuah! ¡Bien, ha vuelto a respirar! ¡Cúrala un poco con magia! 』
 
『 Beatrice: ¡Entendido, supongo! Pero no podemos seguir haciendo esto una y otra vez, de hecho. 』
 
『 Subaru: ¡Lo sé! … Le exigí a Meili más de la cuenta, es culpa mía. Pagaré el precio. 』
 
Aunque, para ser precisos, Subaru ya había comenzado a pagar por su error.
Incluso después de reducir la cantidad de malestar que se adueñaba de Ram, Subaru estaba empeorando rápidamente y empezaba a palidecer.
Si esto seguía así, no podrían ganar mucho tiempo más…
 
『 Subaru: No, ahora es cuando debo darlo todo. Sería incapaz de llamarme hombre si no puedo… 』
 
『 Beatrice: ¡Furya! ¡Supongo! 』
『 Subaru: ¡¿Ooh?! 』
 
Apretando los molares, Subaru corría con Meili en brazos mientras los efectos de su autoridad se extendían por todo su cuerpo. Y entonces, Beatrice saltó de repente y se aferró a su cabeza.
Sorprendido por este acto repentino, acabó llevando a Beatrice a caballito de manera extraña. Desde luego, Beatrice pesaba lo mismo que una bola de algodón, así que no entorpecía la huida de ellos, pero…
 
『 Subaru: Bea―― 』
 
『 Beatrice: Subaru, deja de intentar cargar con todo tú solo, de hecho. Subaru y Betty somos PARTNERS; así que Meili también es mi compañera, supongo. No eres el único que quiere ayudarla, Subaru. 』
 
『 Subaru: … 』
 
Beatrice apoyó sus pequeñas manos sobre la cabeza de Subaru y le susurró su petición.
Subaru se quedó en silencio. Beatrice movió su mano hacia Meili y aplicó su gentil magia curativa. ――Poco a poco, una cálida luz empezó a curar su cuerpo y, por extensión, también el de Subaru.
Beatrice también estaba preocupada por sus amigos. Él podía sentir sus emociones a través de la cálida luz.
 
『 ???: ¡ϡ ϡ! 』
『 ???: ¡ϠϠ! 』
 
Detrás de ellos, las mabestias continuaban batallando unas contra otras.
Afortunadamente, aun sin la Protección Divina de Meili, los Soberanos de la Hambruna no parecían dispuestos a sellar inmediatamente la paz con el escorpión carmesí. Y lo mismo pasaba con todas las demás mabestias.
Las pinzas gigantes y la larga cola y aguijón del Escorpión Carmesí aplastaron a la mitad de las mabestias que se interponían entre él y el grupo de Subaru.
Y la otra mitad tenía en su punto de mira a Subaru, y compañía, por lo que aún no tenían tiempo para descansar.
 
『 Subaru: ¿Qué otra opción…? 』
 
A decir verdad, no era como si no tuviera otra opción.
Aunque no había forma de salir victorioso de inmediato, sí podía aprovechar el deseo de Beatrice de ayudar a Meili para mejorar sus posibilidades.
Sin embargo, dudaba en llevarlo a cabo, porque no sabía si sería posible ponerlo en práctica, y porque la inspiración para esa técnica había venido de uno de sus peores enemigos. Pero…
 
『 Beatrice: ¡Subaru! ¡Si tu preocupación por Betty es la razón por la que estás dudando, entonces descuida, supongo! ¡Si Betty no es la razón, entonces podemos ir juntos a disculparnos con ellos más tarde, de hecho! 』
 
『 Subaru: … 』
 
『 Beatrice: Betty quiere compartir tu dolor y tu alegría… ¡No excluyas a Betty! ¡Esa era una de las cláusulas de nuestro contrato, supongo! 』
 
Tras ver de perfil la cara de Subaru, Beatrice gritó con furia.
Como ella estaba montada sobre su cabeza, él no podía ver su expresión. Sin embargo, podía darse cuenta de que, aunque estuviera enfadada, esta niña a la que él llamaba con orgullo su PARTNER se veía adorable.
Precisamente por eso, sus palabras le dieron a Subaru el valor que necesitaba para compartirlo con ella.
 
No tenía tiempo para dudar.
La razón misma de sus dudas, su propia compañera, le había dicho que no se preocupara.
Y por eso…
 
『 Subaru: Te amo, Beako. 』
 
『 Beatrice: Betty te ama aún más. 』
 
Una vez expresado su mutuo afecto, Subaru miró hacia abajo hacia Meili, que estaba moribunda en sus brazos.
Y, decidido a no permitir que Meili perdiera la vida, costara lo que costara…
 
『 Subaru: ――Cor Leonis, SECOND SHIFT. 』
 
Al otorgar un nuevo nombre a lo que él mismo había bautizado como Corazón de León, cambió de marcha dentro de sí mismo.
Al hacerlo, amplificó el efecto de la autoridad que se ejercía sobre él, el Pequeño Rey… Él había sido reprendido por ser un rey que cargaba con el peso de sus súbditos por sí solo.
 
Aun así, esto no era tan descarado como la codicia de forzar la carga de uno sobre los demás.
Por lo tanto, lo que Subaru deseaba como resultado de su autoridad… era compartir sus cargas con quienes querían estar a su lado.
En otras palabras…
 
『 Subaru: SECOND SHIFT… Distribución de carga. 』
 
Las cargas que Subaru llevaba solo con todo su cuerpo… ahora podía compartirlas con aquellos compañeros que estuvieran dispuestos.
Y en este lugar, en este momento…
 
『 Beatrice: … Subaru. 』
 
『 Subaru: ¿Sí? 』
 
『 Beatrice: ¡¡――Esto es superagotador, supongo!! 』
 
『 Subaru: ¡¡Sí, superagotador!! 』
 
Con eso, se activó el segundo nivel de Cor Leonis, y la carga que llevaba se compartió con Beatrice.
No estaba compartiendo la mitad, sino un cuarto; aun así, eso aligeró mucho la carga de Subaru. A cambio, Beatrice palideció al asumir la carga que él compartía.
Gritó para ocultar su dolor, y Subaru le devolvió el grito.
 

Era agotador. Era doloroso. Quería parar de inmediato.
Al diablo con jugar a ser rey y asumir las cargas de todos. ――Por lo tanto, este Pequeño Rey podía mantenerse en pie solo porque había otros dispuestos a apoyarlo en sus esfuerzos.
 
『 Subaru: Por cierto, quiero compartirte este dolor… 』
 
『 Escorpión: … 』
 
『 Subaru: Parece que no se puede, una lástima. 』
 
Compartiendo su carga con Beatrice, quien seguía tratando a Meili a su espalda, Subaru centró su atención en el escorpión carmesí.
Su verdadera identidad era Shaula, e incluso ahora podía sentir su ser conectado al de ella a través de Cor Leonis. Había una luz tenue, pero grande.
Por desgracia, Subaru no podía descargar sobre el escorpión carmesí la carga que él y Beatrice compartían, probablemente porque el escorpión no poseía ni la voluntad de desear ni de aceptar esa carga.
 
Solo aquellos que deseaban apoyar a este Pequeño Rey podían compartir su carga.
Era un poder verdaderamente fácil de entender e inflexible. Por esa razón, no podía llenarse demasiado de orgullo.
Porque nunca olvidaría que solo podía mantenerse erguido porque había alguien apoyándolo.
 
『 Subaru: ¡Beako! ¡Haz cosas diferentes con tu cuerpo y con tu mente! 』
 
『 Beatrice: ¡¡――Hk, eso es pedir mucho, de hecho!! 』
 
Él le había pedido que, mientras curaba a Meili, pensara qué hacer a continuación para escapar de su precaria situación. Porque la cola del escorpión carmesí se había iluminado una vez más con una luz blanca… y apuntaba hacia el grupo de Subaru.
 
『 Beatrice: ¡¡――E · M · M!! 』
 
Su as bajo la manga de un solo intento ―su magia de absoluta invencibilidad― estalló, y la consiguiente onda de choque se tragó a los tres por completo.
 
 
△▼△▼△▼△
 
 
――Emilia, que se encontraba por encima de las nubes, no captaba lo que sucedía bajo ellas.
Sin embargo, al igual que sus compañeros que libraban batallas a vida o muerte, Emilia también había soportado una intensa lucha antes de finalmente llegar hasta aquí.
 
『 Emilia: … 』
 
Había llegado al nivel más alto de la Atalaya Pléyades, más arriba del primer piso, a la auténtica cima.
En el lugar al que había llegado gracias al sacrificio de múltiples soldados de hielo, Emilia vio algo al pie del pilar central: un monolito negro.
 
El monolito en sí parecía idéntico al que había visto en el Examen del tercer piso.
A diferencia de aquel monolito, éste no levitaba y tenía unas marcas que atraían la mirada sobre su superficie, la cual debería ser completamente plana. Y aquellas marcas eran…
 
『 Emilia: ¿Huellas de manos? 』
 
Con sus ojos amatista abiertos, Emilia observó múltiples huellas de manos marcadas en su superficie――seis en total, huellas de diferentes hombres y mujeres.
Se podía deducir por el tamaño de las palmas o el grosor de los dedos que todas ellas eran de manos de personas diferentes.
Pero, dado que estos personajes habían decidido dejar sus huellas allí juntos, era innegable que fueron personas cercanas entre sí y que guardaban alguna relación con esta atalaya…
 
『 Emilia: … ¿Podrían ser de Reid o del Gran Maestro de Shaula? 』
 
Cuando reflexionó sobre la gente relacionada con la atalaya, solo pudo pensar en ellos.
Volcánica también estaba incluido, pero todas las marcas dejadas allí pertenecían a humanos, así que parecía que ningún dragón ancestral había dejado marca alguna.
Por lo tanto, a Emilia sólo se le ocurrían esas dos personas de entre las seis huellas.
 
『 Emilia: ¿―? Espera, ésta es… 』
 
Al pensar tanto en eso, Emilia empezó a tener un sentimiento incómodo por una de las huellas.
Entre las seis huellas de manos, había una colocada ligeramente en un extremo――y a su lado, otra de aproximadamente el mismo tamaño. Las dos huellas que estaban en un extremo eran, sin duda, más pequeñas que el resto.
Quizás porque solo aquellas dos pertenecían a manos de mujeres.
Y, lo que había llamado la atención de Emilia, era que una de las huellas…
 
『 Emilia: ¿Esta huella es mía? 』
 
Mientras fruncía el ceño, Emilia susurró aquello al mismo tiempo que observaba su mano derecha.
Aunque aquello sería extraño, no lo sentía como tal. Parecía que una de las huellas de mano dejadas impresas en el monolito era de su propia mano.
 
『 Emilia: … 』
 
Tomando un gran aliento, Emilia enfrentó al monolito. Para disipar sus dudas, extendió su mano derecha hacia aquella huella, y…
 
《 ???: ―― Vos, que la cima de la torre habéis alcanzado. Pasad por el primer piso, oh todopoderoso peticionario. 》
 
『 Emilia: ¡――Hk! ¡Ha vuelto! 』
 
Justo antes de tocar el monolito, Emilia oyó la implacable voz que descendía desde los cielos y se giró.
Y cuando lo hizo, vio a Volcánica agitar sus alas, descendiendo y colocándose sobre el piso más alto, agonizando y atormentado tras haber sido tocada su escama blanca en la garganta por el soldado de hielo de Emilia.
 
《 Volcánica: … 》
 
Dando la espalda al monolito, Emilia enfrentó una vez más al Dragón Divino.
La batalla para escalar el pilar había sido inmensamente agotadora; pero, si fuera a continuar en este momento, se vería forzada a una pelea muy intensa. Este lugar era bastante amplio, pero la parte más alta era más estrecha que el primer piso, por lo que le sería complicado pelear.
 
『 Emilia: Además, sería muuuy problemático si el MONOLITH se rompe. 』
 
La dureza del monolito era desconocida.
Cuando encontró al monolito en el tercer piso, fue a golpearlo, pero Julius y Ram la detuvieron, por lo que su resistencia no estaba clara.
Pero, sin importar lo resistente que fuera, Emilia no creía que pudiera soportar un golpe del poderoso Dragón Divino.
 
『 Emilia: Si lo golpeas, seguramente se romperá. ¡Por eso…! 』
 
No puedo dejarte hacerlo; y, con ese pensamiento, Emilia invocó siete soldados de hielo a su alrededor otra vez.
Los soldados de hielo habían sido completamente destruidos en su camino hacia la parte más alta; pero, al igual que Emilia, sus expresiones brillaban con determinación, lo que era reconfortante.
Al igual que ellos, que portaban armas de hielo, Emilia sujetó dos espadas de hielo en sus manos.
Y, al unísono junto con los siete soldados, cargó hacia Volcánica.
 
『 Emilia: ¡Vamos, todos! ¡Volcánica tiene una debilidad en la parte blanca de su cuello! 』
 
Dado que había mostrado una reacción tan intensa, aquella escama blanca debía ser la debilidad de Volcánica.
Aunque no deseaba herirlo, si alguno consiguiera aunque solo fuera tocarla, Emilia sería capaz de obtener tiempo para examinar el monolito…
 
『 Emilia: … ¿Eh? 』
 
Al instante siguiente, Emilia dejó escapar su voz… porque todo lo que ella veía se puso boca abajo y patas arriba.
 
『 Emilia: … 』
 
Fue tan repentino que ella no pudo entender lo que había ocurrido.
Hubo una mera y rápida sensación de contacto en sus pies, por haber echado antes un paso adelante para avanzar. Pero aquello también fue tan fugaz que solo notó el contacto cuando todo su ser ya se había dado la vuelta.
Y, junto con eso…
 
『 Emilia: Ah. 』
 
Los siete soldados de hielo alrededor de Emilia, que habían sido también puestos del revés, se rompieron inmediatamente.
Solamente las cabezas de todos ellos fueron fragmentadas con habilidad, incapaces de resistir el golpe y transformándose en maná. Al sentir aquello en su piel, Emilia pudo darse cuenta de algo que le provocó un escalofrío: que la cola de Volcánica había provocado todo eso.
La cola de Volcánica había barrido las piernas de Emilia, y esa misma cola había destrozado las cabezas de los siete soldados.
Su garganta quedó inmóvil al comprender que hizo todo eso con un solo coletazo.
 
Estaba en una liga totalmente diferente del ataque sorpresa contra el que Emilia había logrado defenderse en un instante.
Si el látigo de Subaru contara como uno, la cola de Volcánica contaría como mil o diez mil; así de grande era la diferencia.
Incluso Emilia habría sido derrotada sin piedad ante aquel enorme ataque.
Y por eso, una duda se le vino a la cabeza.
 
『 Emilia: ¿Por qué… fue blando conmigo? 』
 
A Emilia le barrió las piernas, a los soldados de hielo les destrozó las cabezas.
¿A qué se debía aquella diferencia? No podía ser porque hubiera decidido tomar represalias contra aquellos que poseían el mismo rostro de quien le había tocado la escama blanca antes. Aquello parecía improbable.
Pensando en ello, Emilia recordó que no había escapado de las circunstancias que le habían obligado a quedar boca abajo.
 
『 Emilia: ¡Oh n――! 』
 
Así como estaba, iba a darse de cabeza contra el suelo.
Una vez más, las piernas de Emilia, que estaba en el aire boca abajo, fueron golpeadas con un suave impacto desde un lateral, y…
 
『 Emilia: ¡Ah… casi casi! 』
 
Estando boca abajo, Emilia rotó media vuelta en el aire e hizo un aterrizaje peligroso.
Ella alzó el rostro con cara de haber evitado algo peligroso, y entonces…
 
《 Volcánica: … ¿Qué estáis haciendo, vos? 》
 
La figura del Dragón Divino pronunció aquellas palabras, acercando mucho su rostro al de Emilia.
 
『 Emilia: Pues… ¿―? 』
 
Se encontraba, literalmente, frente a sus ojos y su nariz.
Estaba tan cerca que, si Emilia se hubiera inclinado hacia delante solo un poco, habría tocado aquella piel y nariz tan robusta como la roca.
Que el rostro del dragón ancestral estuviera a aquella distancia era suficiente para dejar a Emilia asombrada.
Sin embargo, lo que la dejó aún más perpleja fue…
 
『 Emilia: ¡Estás diciendo algo diferente de lo que has estado repitiendo constantemente! 』
 
《 Volcánica: … 》
 
『 Emilia: ¿Recuperaste la cordura? Entonces, ¿puedes contarme algunas cosas? Sobre el Examen, o sobre cambiar las reglas establecidas en esta atalaya, hay muchas cosas de las que necesito discutir… 』
 
Emilia vocalizó rápidamente, habiendo encontrado esperanza en la condición de Volcánica.
Si el Dragón Divino, de quien pensaba que se había vuelto senil, había vuelto a la normalidad, podría conversar con él con respecto al Examen. Por lo tanto, no sería necesario que se forzara a resolver la situación violentamente.
 
『 Emilia: ¡Ey, por favor! Habla… 』
 
《 Volcánica: ¿Qué ocurriría si vos cayerais? De ocurrir, yo aceptaría el castigo… Ya que todos se arrodillan ante vos. 》
 
『 Emilia: ¿Volcánica? 』
 
Ansiosa sobre las circunstancias de todos en la torre, Emilia imploró desesperada mientras Volcánica, una vez más, pronunciaba palabras que no eran una repetición.
Sin embargo, como lo que decía no parecía responder las palabras de Emilia, su desconcierto aumentó.
 
Pero, en lo más profundo de los ojos dorados de Volcánica que miraban a Emilia, había amabilidad.
Al contrario que la ambigüedad parecida a un vacío que había tenido hasta hace un momento, ahora tenía la luz de la emoción.
Miraba a Emilia intensamente, con gentileza y calma, como si la apreciara…
 
《 Volcánica: ¿A dónde han ido Flugel y Reid? Shaula se sentirá sola si ni siquiera recibe unas palabras de despedida. Además, Farsale montaría un gran alboroto. 》
 
『 Emilia: … 』
 
Con sus amables ojos sosteniéndole la mirada, Volcánica continuó con sus palabras.
Lo que el dragón ancestral había recitado como si viera algo distante, eran los nombres de Flugel y Reid, junto con el de Shaula, seguidos por el de una persona más…
 
Aunque no podía distinguirse del todo a quién pertenecía ese nombre sin preguntar también por el nombre de familia, para Emilia reverberó como si fuera un eco. Si ese Farsale era a quien Emilia recordaba…
 
『 Emilia: Farsale… ¿Te refieres a Farsale Lugnica? ¿El Rey de hace cuatrocientos años? 』
 
Era un personaje cuyo nombre había salido a la luz incontables veces en los libros que había estudiado para la Selección Real.
Farsale Lugnica――el trigésimo quinto Rey del Reino de Lugnica, y el gran hombre que había regido el país hace cuatrocientos años, durante la era de la bruja.
Y, habiendo forjado el pacto con ningún otro más que el Dragón Divino Volcánica, el Último Rey León había forjado el primer paso de la larga prosperidad del Reino de Lugnica.
 
『 Emilia: … 』
 
Emilia volvió la vista inmediatamente al monolito que se encontraba detrás.
Si las palabras de Volcánica tenían relación con aquellas seis huellas de mano, entonces podría ser que tres fueran de Flugel, Reid y Farsale. Las otras tres eran desconocidas, pero una parecía encajar con la mano de Emilia, aunque aún no lo había confirmado.
Y las restantes parecían pertenecer a un hombre y a una mujer.
 
『 Emilia: Entonces, ¿la de mujer es de Shaula? 』
 
Aquello parecía lo más probable.
La identidad del último hombre era desconocida, pero algo de ese tipo era suficiente para calmarla. Como siempre, el mayor problema en este momento era el hecho de que había una huella que encajaba con su mano, algo que la desconcertaba…
 
『 Emilia: ¡¿Acaso he… olvidado más cosas aparte de a madre y a todos los demás del bosque?! 』
 
Mientras empezaba a cuestionárselo, Emilia se dio cuenta de que ella misma tenía un pasado cuyos recuerdos habían sido tapados por ella misma.
Aunque no fuera el caso, sí era consciente de que, debido a la existencia del arzobispo del pecado de la glotonería, los nombres y los recuerdos podían volverse un completo desastre.
¿Podría ser que, quizás, Emilia hubiera venido aquí antes, hubiera impreso su mano y ahora simplemente no se acordaba de ello?
 
『 Emilia: … No, debería ser del todo imposible. Aunque, si Puck estuviera aquí, podría saber si yo he venido antes aquí. 』
 
《 Volcánica: … ¿Qué ocurre? ¿Alguna preocupación? 》
 
『 Emilia: Ah, esto… estoy bien. Gracias por preocuparte. Gracias, pero… 』
 
Al final, al sentir que el diálogo establecido con Volcánica podría desaparecer en cualquier momento, Emilia se encontraba con las manos atadas.
Era mucho mejor que ser golpeada por su cola o sus patas delanteras sin ninguna conversación, pero el Examen seguía en un punto muerto.
Y mientras Emilia se preguntaba qué debería hacer…
 
《 Volcánica: Si algo os molesta, entonces hablad. Si es vuestra ansiedad, entonces la disiparé――Satella. 》
 
――Al ser llamada por ese nombre, Emilia inspiró.
 
『 Emilia: … 』
 
Satella. No era la primera vez que la llamaban así.
Al ver los rasgos que Emilia poseía ―semielfa con pelo plateado y ojos amatista―, muchos humanos que viven en este mundo la han asociado con ese ser idéntico a ella.
Lo único que cambiaba era cómo la llamaban.
 
Algunos la llamaban Satella, otros la llamaban «la peor calamidad», y otros la llamaban la Bruja de la envidia.
Por eso, que alguien se refiriera a Emilia de aquella forma, no era una sorpresa.
 
Sin embargo, era extraño que Volcánica dijera el nombre de Satella con gran afecto.
Después de todo, el trío de Volcánica, Reid y Flugel, quien había pasado sus logros a Shaula, habían sido los responsables originales de sellar a Satella, también conocida como la Bruja de la envidia.
Entonces, ¿por qué a ella…?
 
『 Emilia: ¿Por qué hablaría de la Bruja de la envidia con tanta amabilidad? 』
 
De forma genuina, Emilia preguntó refiriéndose a Satella de forma poco discreta.
Decir que eso hizo que se diera cuenta sería demasiado; pero, al menos, desde un punto de vista objetivo, ese único comentario fue el detonante.
 
Algunos la llamaban Satella, otros la llamaron la peor calamidad, algunos la llamaban bruja.
Y, pensando que tanto «Satella» como «Bruja de la envidia» serían adecuados, Emilia se había referido a ella como la Bruja de la envidia.
Pero eso…
 
Volcánica: ――Bruja de la envidia. 》
 
――produjo un cambio en la mirada distante de Volcánica.
 
Los ojos dorados de Volcánica presentaron un cambio drástico.
Sin moverse, la cabeza del dragón ancestral que miraba a Emilia se encontró inmediatamente delante de sus ojos y nariz. Por lo tanto, al ser capaz de capturar cualquier alteración de cerca, Emilia sintió un escalofrío por todo su cuerpo.
 
Tenía la corazonada de que aquel cambio era poco favorable.
Habiendo sido criada en bosques, Emilia poseía la experiencia de haber crecido en lo salvaje. Había visto incontables animales y mabestias cambiar completamente en situaciones como esta.
Siguiendo aquella intuición, Emilia saltó hacia atrás pensando que podría ser mandada a volar.
Aquella había sido la respuesta correcta.
 
『 Emilia: ――Hk. 』
 
En ese instante, el aire ante los ojos de Emilia explotó.
No era una exageración. Literalmente, el espacio se contrajo y, justo después, se hinchó y explotó.
El fenómeno, cuyo principio era desconocido, era peculiar; era como si el espacio se hubiera enrollado sobre sí mismo. De haberse quedado donde estaba, habría sido destrozada sin importar cuán poderosa hubiera sido su defensa.
Y había ocurrido justo donde se había situado la cabeza de Emilia.
 
De haber sido una fracción de segundo más lenta en bajar la cabeza, habría muerto.
Tras haber escalado a la cima de la torre, Emilia había sufrido incontables experiencias cercanas a la muerte, como el coletazo o la contracción del espacio que acababa de ocurrir.
Quizás nunca había estado en una situación en la que su vida hubiera estado tantas veces en peligro como ahora.
 
『 Emilia: Pero, como todo está saliendo bien, quizás eso signifique que la suerte esté muuuy de mi parte. 』
 
Si lo que la estaba dejando vivir era que el destino se había vuelto su aliado, entonces, incluso cada respiración que Emilia hacía era señal de buena suerte, y así interpretó la situación positivamente.
De no hacerlo, se habría desanimado por los siguientes cambios en la situación. Porque…
 
《 Volcánica: ――Satella. 》
 
Con las alas desplegadas una vez más, Volcánica definitivamente se mostraba hostil hacia ella.
Al observar eso, Emilia tuvo ganas de pisotear el suelo con frustración. Justo cuando Volcánica parecía haber recuperado la cordura, todo se echó a perder.
Y, al contrario que en su anterior estado adormilado, ahora parecía tener una mayor determinación que cuando había estado senil.
 
『 Emilia: ――ICICLE LINE. 』
 
Así, Emilia liberó su poder mágico con convicción y sin contenerse.
El aire crujió gélidamente y, lentamente, se alzó una niebla blanca. Aunque se encontraba en la parte más alta de la atalaya ―localizada por encima de las nubes―, todo a su alrededor se volvió blanco, congelado.
 
Con un sonido, lentamente se generaron unas armas de hielo――y, sacando lanzas mientras permanecían en el suelo, Emilia la hizo girar y la apuntó hacia delante.
Una vez más, se había preparado para luchar contra Volcánica.
 
Sin embargo, si Volcánica hiciera más seriamente aquel ataque que barrió las piernas de Emilia, no sabía si sería capaz de esquivar el siguiente ataque.
Tendría un nivel de fuerza completamente distinto al que había tenido cuando se encontraba senil――pero aún parecía senil.
 
『 Emilia: Pero… 』
 
Al mirar a los ojos dorados del oponente, Emilia no podía etiquetar la actitud de Volcánica simplemente como senil.
Después de todo, los ojos de Volcánica estaban brillando con tristeza y amargura.
 
《 Volcánica: Satella… así es, Satella. Debemos deteneros, a vos que habéis sido reducida a la Bruja de la envidia. 》
 
『 Emilia: … ¿Eran amigos cercanos? 』
 
《 Volcánica: Ojalá yo no hubiera dudado aquel día. De no haber dudado aquel día, todos habrían… 》
 
No respondió a su pregunta.
Sin embargo, la voz temblorosa de Volcánica en sí misma parecía la propia respuesta.
 
El dragón ancestral se lamentó, respiró hondo y, una vez más, vendría el aliento que quemaría el mundo blanco.
Antes de eso, Emilia debía adelantarse y golpear la escama blanca. Si no lo hacía, Emilia y, obviamente todos los demás, no podrían salvarse.
 
『 Emilia: ――Subaru, Beatrice, Ram, Rem, Meili, Patrasche-chan, Echidna, Julius, Anastasia-san. 』
 
Pensó en todos los que habían venido a esta torre y habían sufrido.
En todos a quienes debía salvar; en todos los que habían tenido la misma meta que ella.
Y, al hacerlo, una fuerza desconocida se acumuló en lo profundo del pecho de Emilia.
 
《 Volcánica: ¡¡――Bruja de la envidia, Satella!! 》
 
『 Emilia: ――No, te equivocas. Soy la Bruja de la Glaciación, del Gran Bosque de Elior: Emilia. 』
 
Mientras bañaba todo su cuerpo en aquella fuerza, Emilia respondió en voz alta al Dragón Divino, que parecía haberla confundido con alguien con la que, aparentemente, era similar.
Sin importar si su oponente era el Dragón Divino o quien fuera. ――Emilia tenía a todos a su lado. Y por eso…
 
『 Emilia: ¡Como mínimo, recuerda bien mi nombre! 』
 
 
――La etapa final se cernía sobre la Atalaya Pléyades, a la vez que una luz estallaba en erupción, por encima y por debajo de las nubes a la vez.